Ser deportado a El Salvador después de no haberlo visto en más de tres décadas era un trauma que Hugo Castro recuerda claramente. El hombre de 51 años sostuvo que su país debe comenzar a prepararse ahora para recibir a los casi 200.000 salvadoreños que pueden tener que regresar luego de la decisión de la administración Trump de levantar su estatus de protección temporal (TPS) el próximo año.

“El principal problema para los deportados es que se vuelven invisibles. Son rechazados, no hay trabajo. No nos ayudan”, afirma Castro, que fue deportado de EEUU en 2015.

El anuncio de Estados Unidos ha generado temores de que una gran fuente de ingresos para esta pobre nación centroamericana sea restringida y que las familias deban separarse. Pero también hay un atisbo de optimismo de que los salvadoreños con muchos años de experiencia en los Estados Unidos podrían aportar experiencia e inversión para impulsar la economía.

El secretario de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, dice que los salvadoreños que se han quedado en Estados Unidos con estatus de protección temporal -sólo una fracción de los aproximadamente 2 millones de salvadoreños que viven allí- tendrían que partir el 9 de septiembre de 2019, a menos que el Congreso les presente una solución que les permita quedarse.

El programa de estado protegido temporal se ha ofrecido a ciudadanos de varios países que huyen de desastres naturales u otras situaciones de inestabilidad. Los salvadoreños afectados recibieron dicha categoria después de que los terremotos en 2001 mataran a más de 1.000 personas. Miles de personas más que llegaron a Estados Unidos en los últimos años huyendo de la violencia de pandillas no fueron elegibles.

Castro fue a Estados Unidos cuando era adolescente para estudiar en una universidad en Atlanta. Durante su tercer año, su familia perdió casi todo cuando el banco se apoderó de su operadora de café. Al dejar el colegio, trabajó en un club de campo y una librería y se convirtió en gerente de un restaurante mexicano. Luego, un enfrentamiento con la policía lo llevó a más de dos años en el centro de detención de inmigrantes, ya que luchó infructuosamente contra la deportación después de vivir en EEUU durante tres décadas.